A. Molina, M. Correa, C. Smith-Ramírez y A. Gainza

La historia de explotación del alerce comienza con la llegada de los españoles a Chiloé y el descubrimiento del potencial maderero del lahuán. Existe una larga fase de explotación del alerce por los españoles y sus encomenderos huilliche, posteriormente sobreviene la explotación y quema de los alerzales por los chilenos y colonos. Uno de los últimos lugares de explotación de alerce, ya durante el siglo XX, ha sido la cordillera de la costa de Osorno. La explotación del alerce en la comuna de San Juan de la Costa, se constituye en una guerra por el alerce, por parte de los huilliche y de quienes se adueñan de sus territorios. La tenencia huilliche está basada en los antiguos Títulos de Comisario. Así, en el siglo XIX, los numerosos lahuanto o alerzales de la costa de Osorno, se ven objeto de explotación y quema, en una situación de continua disputa. Posteriormente, las comunidades huilliches van tomando terreno o le son entregados ya cómo desecho lo que resta de la explotación maderera empresarial. Hoy los huilliche colectan la madera muerta de los lahuanto, trabajo laborioso y de escaso retorno económico. La gran regeneración de alerce en la cordillera de la costa ha permitido que esta especie perdure a pesar de los enormes incendios y masiva explotación. La permanencia de esta especie en la cordillera de la costa, a diferencia de los Andes, no está dada por el tipo e intensidad de explotación sino por la baja competencia en los empobrecidos suelos costeros.

Por Iván Ponce y Cristián Frêne

El trabajo de reconstrucción histórica y territorial de la Costa de la comuna de Valdivia entrega algunos elementos sobre las comunidades y su relación con los bosques de la costa de la actual provincia de Valdivia, lo que hoy se denomina Pikunwijimapu. Este trabajo cuenta con un grado importante de dificultades, ya que la ausencia documental y escasas referencias bibliográficas del área vedan el conocimiento de su historia de poblamiento y población ancestral. Particularmente en esta zona costera, y en general en toda la provincia de Valdivia, hay una tendencia a negar su pasado indígena, y con ello su presente indígena, entregándose permanentemente la imagen de que estos sectores, que fueron rápidamente evangelizados en un principio e “integrados” después, en definitiva están homogeneizados con el resto de la población, como si la historia de la Costa de Valdivia y la de Valdivia misma comenzara con la llegada de los españoles y sus fuertes, se desarrollara a través de las misiones y viera la luz, finalmente y hasta la actualidad, con la colonización alemana.
Respecto a la población ancestral, Chan Chan constituye el primer sitio arcaico intensamente estudiado que permite entender la adaptación de poblaciones orientadas a la pesca, caza de mamíferos marinos y recolección de moluscos y de recursos de bosque de bordemar.
En el siglo XVI, según descripciones del cronista Jerónimo de Bibar, la Costa de Valdivia formó parte de uno de los tres “butralmapu” lafkenche, uno constituido en torno a Tucapel, desde el río Lebu hasta el sur del río Tirúa; otro entre los ríos Cautín y Toltén; y un tercero al sur del río Toltén, “abarcando desde el sur de este río hasta un sector indeterminado entre el río Queule y el Calle-Calle”[1]. El territorio al sur de Toltén, después de la capitulación de los longko del río Bueno al sur (1793), es una zona fronteriza, que al igual que otras zonas fronterizas de la colonia, pagó el precio del contacto cercano con una sociedad colonizadora.
Desde este momento, el concepto de ocupación territorial que se le asigna al williche es restrictivo, dándole el carácter de posesión sólo a los espacios “limpios”, cercados, con huerta, y aquellos donde han levantado su ruca, desconociendo que había muchas tierras que, sin ser habitadas en forma permanente, eran tierras útiles y aprovechadas por los williches desde el punto de vista productivo, y permitían la supervivencia material y cultural de las familias. Nos referimos a los bosques, sectores de pastoreo, caza, recolección y ramoneo, además de sitios ceremoniales.
Esta situación se agudiza a partir de 1884, momento en que más al norte se comienza a desarrollar el proceso de radicación de la población indígena. En esta época, particular relevancia tiene la negación de la presencia indígena ancestral en la Provincia de Valdivia, para lo cual se levanta la tesis presente hasta la actualidad del antiguo “despoblamiento indígena casi total”, tesis sostenida principalmente por los promotores de la colonización alemana, lo que permitiría la ocupación de extensas áreas sin entrar en conflicto con anteriores ocupantes. Para los funcionarios de Estado los williches que aún vivían allí estaban, prácticamente en su totalidad, asimilados al orden social y cultural chileno.
Todo lo señalado habla de una antigua presencia indígena en el área costera de Valdivia, y una vinculación con las familias actuales.
Respecto a la relación de los humanos con los recursos naturales, en particular el bosque, se supone una relación sólida entre estos conceptos, cuya base se encuentra en la etnociencia. De este modo, se acepta una continuidad (compleja, por cierto) entre naturaleza y cultura que permite a grupos locales explicarse y representar su entorno de una manera auténtica y particular, su paisaje cultural.

[1] “Crónica y relación copiosa y verdadera de los reynos de Chile”, Jerónimo de Bibar.

Por Tomás Monfil

En el año 1971, el Gobierno de la época aduciendo facultades de la Ley de Reforma Agraria, inició la Expropiación de 15 fundos con una superficie de 219.078 hectáreas, ubicadas en la Zona Cordillerana de los Andes de Villarrica, Valdivia y Osorno formándose la filial Corfo.

En el año 1973, esta empresa fue intervenida por el Gobierno Militar, y el año 1975, se puso fin a esta intervención nombrando Presidente del Directorio al Director Ejecutivo de la Corporación Nacional Forestal.

Estos cambios provocaron diversas dificultades en el ámbito laboral, social y político, el que produjo una cesantía superior a las 2.000 personas.

Esta nueva administración puso en práctica un programa de Silvicultura integral, licitando sectores boscosos a privados y tomando el control de las explotaciones.

Este programa establecía que la silvicultura debería satisfacer plenamente a las demandas del mercado ya sea a través del bosque adulto o del bosque joven, y lograse beneficios económicos, asegurando la reposición por plantación, enriquecimiento y regeneración natural existente, respetando la condición de bosque mixto y las medidas de mejora ambiental.

Para llevar a efecto este programa, se inició un intenso plan de capacitación del personal por más de tres años, ya que estos trabajadores nunca habían sido entrenados para labores propias de silvicultura.

La relación privados efectuando las explotaciones y el Complejo reponiendo por plantación lo explotado y manejando la regeneración natural, si bien en un principio tuvo dificultades, paulatinamente resultó beneficiosa para la Empresa y el Bosque.

Ya a contar de 1914, se había contratado a 2.000 trabajadores cesantes tanto por el sector privado en su mayor número y por el complejo en las labores de control y manejo de recurso natural.

Las labores silvicolas realizadas durante la vigencia de este programa significaron más de 10.000 hectáreas intervenidas ya sea en plantación directa, manejo de renovales y regeneración de recursos.

A contar de 1984, la CORFO inició la venta de estos fundos.

Por Mauro E. González*


Los ecosistemas de Araucaria-Nothofagus han sido un componente fundamental para la existencia del complejo sistema socio-cultural de los pueblos originarios cordilleranos de la región de la Araucanía. Con la colonización de esta región (c. 1883), éstos ecosistemas fueron tempranamente afectados por grandes incendios catastróficos y madereo con la finalidad de abrir campos de cultivo y de ganadería. Durante las primeras décadas del sigo XX, los permisos de ocupación y madereo, y/o arriendos de talaje a colonos y sociedades comerciales, consistieron en la forma más común de entregar áreas o bosques fiscales a explotación. Posteriormente, ya constituida la Reserva Forestal Malalcahuello (1931), sus zonas boscosas más productivas fueron concesionadas directamente por el Estado (a través del Ministerio de Tierras y Colonización) a particulares, consorcios y firmas madereras. La finalidad de las principales concesiones otorgadas fue el de beneficiar exclusivamente las obras y programas de construcción de Ministerios y otras instituciones fiscales. De acuerdo a los documentos e informes de la época, los contratos y decretos de autorización de éstas concesiones no fueron respectados, por lo que las instituciones encargadas de su fiscalización debieron caducar en gran parte de los casos los contratos celebrados. Actualmente en la Reserva Nacional Malalcahuello, las principales zonas boscosas dominadas por Araucaria-Nothofagus entregadas en concesión en las décadas pasadas, presentan distintos grados de degradación en su estructura y composición. Esta degradación ha sido acentuada tanto por los incendios posteriores como por la continua presión ganadera. Considerando el excepcional valor ecológico y cultural de estos bosques las instituciones pertinentes deberían propiciar el estudio y restauración de los procesos ecológicos y atributos clave de estos ecosistemas forestales.
Agradecimientos: Proyecto International Foundation for Science (IFS, D/3124-2), Proyecto DID-UACh (S-2005-08), Núcleo Científico Milenio (FORECOS- MIDEPLAN PO4-065-F). Mis sinceros agradecimientos a los Guardaparques de la Reserva Nacional Malalcahuello y estudiante ingeniería forestal Sr. Jorge Silva.
*Facultad de Ciencias Forestales, Universidad Austral de Chile. Casilla 567, Valdivia, Chile. maurogonzalez@uach.cl

Por Fabian Paillacheo Cancino[1]

Curacautín y Lonquimay son dos localidades emplazadas en la frontera cordillerana de la Araucanía. Las características ambientales de la zona (bosques, montañas, nieve, etc.) no permitieron a sus habitantes desarrollar una economía agrícola de gran escala. Por lo mismo, una de las actividades económicas más significativas será la explotación de maderas nativas para el comercio nacional e internacional. Este proceso se ve incrementado cuando en 1938 se instala la Fábrica de terciados Mosso en Curacautín, la cual estimula todo un comercio maderero de Araucaria araucana en la zona. En adelante, Curacautín y Lonquimay experimentan un explosivo desarrollo económico, cuyo periodo se extiende aproximadamente hasta 1976, cuando se declara la Araucaria como Monumento Natural. Con la puesta en marcha de la fábrica y la estimulación del comercio local, se articularán una diversidad de actores sociales en torno a la explotación maderera, sea para las faenas de volteo y comercio de madera, o para la producción de manufactura en la Fábrica. Tomando en consideración esto último, para este estudio se describen las interacciones de dos actores sociales involucrados en las faenas de volteo y comercio de madera: el comerciante intermediario y el longko mapuche. El análisis se focaliza en las relaciones socioeconómicas entre los actores mencionados, en particular en el sistema de trato de compra y venta de madera, denominado “maquila”. Finalmente, el propósito es estimular el conocimiento de la historia forestal del centro sur de Chile a partir de estudios de casos, los cuales pueden ser contrastados entre sí y desde diferentes perspectivas disciplinarias.

Palabras claves: Cuaracautín, Lonquimay, Fabrica Mosso, Araucaria araucana, comerciante intermediario, longko mapuche, maquila.


[1] Escuela de Antropología, Universidad Austral de Chile. f_paillacheo@yahoo.es


 

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